PinSuGe

Chapter 53: El Apuesto Hombre

A Record of a Mortal's Journey to Immortality·Capítulo 53 de 57·~7 min de lectura

Actualizado: 2026-08-12 17:36

Leer en:EnglishPortuguês

Advertisement

En cuanto Han Li oyó esto, un escalofrío le cruzó el corazón; mas la escena que siguió lanzó sobre su espíritu un golpe inmenso, y le enseñó que aún hubiera ahí un tropel de cosas en este mundo de las que nada sabía.

Con el gran grito del Doctor Mo, las siete hojas extrañas clavadas en su cuerpo comenzaron a temblar todas a la vez, y desde las cabezas de fantasma llegó un zumbido, cada vez más fuerte y cada vez más agudo, como si estuvieran a punto de cobrar vida y de arrancarse de su cuerpo.

Viendo las hojas extrañas desatentas a su mandato, el Doctor Mo se puso algo alarmado y colérico; musitó una frase baja — mas la voz era demasiado suave y la prisa demasiado veloz, de suerte que Han Li no pudo entender lo dicho, aunque calculó que no sería nada bueno de oír.

El Doctor Mo se puso de pie, dio una vuelta por el aposento, y al fin golpeó el suelo con el pie, despechado; luego, sin mejor recurso, estiró un solo dedo índice y lo metió en la boca abierta de una cabeza de fantasma.

Sobrevino una cosa más allá de toda creencia: la cabeza de fantasma, que había sido una mera cosa muerta, cerró por sí misma sus mandíbulas, y con sus grandes colmillos bastos se aferró del fino bocado que así se le enviaba, y se puso a chupar suavemente.

El cuerpo del Doctor Mo tembló débilmente, como si padeciera un gran dolor; y puesto que la negra niebla le velaba la cara, Han Li no pudo ver su expresión en aquel momento, mas no dudó de que su semblante había de estar pasando de feo.

Así, por el espacio de una sola taza de té, la cabeza de fantasma bebió hasta saciarse, y al fin, satisfecha, soltó sus grandes mandíbulas, y con ello desapareció el zumbido.

Acto seguido, el Doctor Mo hizo tras la misma manera con cada cabeza de fantasma, dándoles de comer a una y a todas, antes de apartar, al fin, con aire renuente, su dedo.

Hechas estas cosas, el Doctor Mo volvió a tejer el mismo gesto de manos de antes, musitó de nuevo en voz baja, y una vez más dio voz al grito de "¡El Arte de Robo de Almas de los Siete Fantasmas!"

Esta vez las siete hojas extrañas no temblaron, ni levantaron sonido extraño alguno, sino que todas a una abrieron los ojos, mostrando globos de un rojo de sangre, y sus bocas asimismo se abrieron más anchas, y henchieron las mejillas, sorbiendo con avidez, bocado a bocado, del aire vacío.

La niebla de fantasmas en la cara del Doctor Mo pareció saber que la calamidad se avecinaba; se hinchó y reventó en olas como los oleajes de una tormenta, sus tentáculos extendidos fustigando más y más salvajemente cada uno que el pasado — mas de nada sirvió.

Aun así, siete delgados hilos negros fueron arrebatados de la niebla de fantasmas, trazando unos cuantos arcos galanos por el medio del aire, y luego cayeron con perfecta puntería en las siete bocas de fantasma abiertas que hacía rato esperaban, para ser tragados por las cabezas de fantasma bocado a bocado.

Han Li quedó como un hombre sin juicio. Porque el Doctor Mo se sentaba con las piernas cruzadas directamente frente a él, de suerte que cuanto acaecía ante él caía por entero bajo su mirada, y hasta cada uno de los dientes de las caras de fantasma podía distinguir con la máxima claridad.

Han Li, que por vez primera tocaba el otro mundo, quedó enteramente arraigado por este poder portentoso — las extrañas hojas de plata, las agoreras cabezas de fantasma, y la maléfica niebla negra que flotaba sobre la cara del Doctor Mo, estos fenómenos, de los cuales ninguno podía explicarse por la razón común, a uno y a todos volcaban el orden que había conocido. Pues en los días de antaño Han Li siempre había tenido sino una fe a medias en los asuntos de dioses y fantasmas; para él, cuanto no hubiera visto con sus propios ojos jamás podría traerlo a creer.

Ahora, estos espectáculos de fantasmas que solo aparecían en cuentos y leyendas se representaban en la carne ante su misma cara — ¿cómo podrían dejar de estremecer el corazón de Han Li?

Por un rato, la mente de Han Li se arrojó a un caos absoluto; frente a semejante poder inhumano, no siendo sino un preso, no sabía de veras cómo hacerle frente.

Poco a poco, la niebla de fantasmas en la cara del Doctor Mo se fue adelgazando de espesa a tenue, de densa a rala, tragada casi del todo por las cabezas de fantasma, hasta que no quedó sino la última hebra sobria, velando débilmente sus rasgos.

Para entonces, la cara del Doctor Mo se había vuelto vagamente visible; mas en cuanto Han Li vio los verdaderos rasgos que quedaban al descubierto, su boca se abrió de par en par con puro asombro, y por un largo rato no pudo volver a cerrarla.

Muchas habían sido las cosas que asombraron a Han Li aquel día; mas ninguna hirió tanto su mente, ninguna lo hizo olvidarse tanto de sí mismo, como lo que ahora veía.

Pues la cara que ahora se revelaba desde la niebla negra era la de un hombre robusto de unos treinta y tantos años, en la mismísima flor de su fuerza; y por el familiar giro de las cejas y los ojos, era a las claras el propio Doctor Mo, sin duda — solo que más joven por al menos un par de décadas.

Aquella cara firme, bien cincelada, aquellos ojos que guardaban una majestad natural sin ira alguna, aquel cabo de boca levemente curvado en una sonrisa desdeñosa — por cualquier cuenta era el semblante de un joven apuesto sin comparación. Una cara de tan madura masculinidad asestaba un golpe mortífero a las mujeres; fuese una doncella en la flor de su mocedad, o una esposa desamparada encerrada en el patio hondo tras las altas murallas, por lo general no podían resistir el embate de este hombre — un solo gesto y la mayor parte se arrojaban por su propia voluntad a sus brazos, y se hundían hondo en ellos, sin poder salirse.

Al contemplar aquel semblante, hasta Han Li sintió dentro de él un súbito impulso de destrozarlo a golpes con un solo puño — pues ¿no era su imagen de apuesto varón toda demasiado apta para despertar la envidia de los demás hombres?

Mientras veía cómo la última hebra de niebla negra de la cara era asimismo atraída a las bocas de fantasma, Han Li se acordó de cómo el Doctor Mo le había contado una vez que él era en verdad sino un hombre de unos treinta y tantos años, y solo, por un infortunio al sanar sus heridas, había dejado que cierto malévolo mal le drenara su yuan esencial por largo tiempo, y así había envejecido y quedado quebrantado.

Por esta señal, pues, el otro no parecía haberle engañado en este punto. La cara presente debía de ser, a fin de cuentas, los verdaderos rasgos del Doctor Mo; solo que el medio por el cual se había restaurado así estaba más allá de todo sondeo.

Para entonces, Han Li se dio cuenta de que el Doctor Mo no era más joven solo en el rasgo, sino también en el mismo cuerpo y en el cabello — los negros mechones tiesos como el azabache, la figura alta y enhiesta, todo contaba que se hallaba en la dorada flor de la vida del hombre, su brío y su fuerza en la cumbre mismísima del vigor de un cuerpo.

"Con todo," se preguntó Han Li, "ya que el Doctor Mo tiene un medio de recobrar sus verdaderos rasgos, ¿por qué habría de haberse puesto en tan grandes afanes por mí?"

Una duda se coló en el corazón de Han Li; se sacudió despierto de su asombro, y se recordó de que todavía se hallaba en peligro. Y así su mente comenzó a dar vueltas con presteza, volviendo una y otra vez todo esto, buscando por algún medio hallar, en medio del trance presente, una vía para escabullirse libre.

Han Li vio que el Doctor Mo más joven parecía algo aturdido en sus sentidos; se quedó clavado en su sitio, sin decir una palabra.

Tras un largo espacio, alzó la palma de una mano, y con el aire de un hombre que contemplaba un tesoro que hacía mucho creyera perdido, examinó de cerca la piel lisa del dorso de su mano; y luego cerró los ojos, apretó la palma contra su mejilla, y se la frotó con suavidad, de aquí para allá, como saboreando de nuevo el brío de la jumentud.

Este aire de quererse a sí mismo del Doctor Mo fue más de lo que Han Li, de pie a su lado, pudo tragar; jamás podría compartir todo el revoltijo de sentimientos que ahora se le alzaban al otro, por haber recobrado lo que había perdido.

"Maestro Mo, parece que has recobrado tu verdadera forma. Puesto que ya no tienes más necesidad de tu discípulo, ¿podrías acaso dejarlo ir? Pues, en los días por venir, tu discípulo podría aun servirte con pies y manos, hasta la última de sus fuerzas."

Al fin Han Li no pudo más contener su silencio; hasta esta misma hora no sabía cómo el otro pretendía tratarlo. Por tanto, aunque sabía de sobra que el hombre no podía dejarlo escapar tan fácilmente, hizo sin embargo el tonto y echó una palabra tentadora, esperando tan solo saber cuanto antes qué suerte le aguardaba, para poder hacer provisión de otro modo.

¿Qué te pareció este capítulo?

Advertisement