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Capítulo 48: El Pabellón del Dou Qi

Battle Through the Heavens·Capítulo 48 de 48·~5 min de lectura

Actualizado: 2026-08-13 05:55

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De pie entre las filas de la multitud, Xiao Yan alzó la mirada hacia el enorme pabellón que se erguía ante él y no pudo evitar sacudir la cabeza con asombro.

Grabados en la enorme placa del edificio había tres caracteres de un aire antiguo y vetusto — «Pabellón del Dou Qi». La propia tabla se había amarilleado con los años, y las estrías desgastadas en su superficie daban testimonio del peso acumulado del tiempo.

Aquel pabellón era la fortaleza más preciada del clan Xiao: el Pabellón del Dou Qi.

Todas las Técnicas de Dou que el clan había reunido a lo largo de varios siglos reposaban entre aquellos muros, y esas técnicas eran el mismísimo cimiento sobre el que descansaba la posición actual del clan. Mientras se mantuviera en pie aquel tesoro de artes divinas, la familia jamás habría de carecer del poder necesario para protegerse — y esa era, a su vez, la razón por la que los ancianos lo custodiaban con tanto celo.

Al ser el lugar más importante del clan, sus defensas eran extraordinariamente severas. En los días comunes se trataba en esencia como un terreno prohibido, y ni siquiera los miembros de la propia familia tenían permitido entrar por su cuenta. Solo tras celebrarse la ceremonia de mayoría de edad podían abrirse las puertas a los jóvenes del clan durante un breve y prescrito espacio de tiempo.

Entrecerrando los ojos, Xiao Yan barrió con la mirada los oscuros rincones repartidos por todo el pabellón. Su aguda percepción del alma le advirtió de inmediato que cada movimiento de cualquiera de ellos estaba siendo observado por completo por los guardias ocultos entre las sombras. Ni el menor destello de movimiento ni la más tenue onda del aliento escapaban a su silenciosa y vigilante atención.

En los rincones más apartados del edificio, Xiao Yan también podía sentir la presencia de varias auras débiles pero descomunalmente poderosas, al acecho — de las que no pertenecían a simples protectores, sino a maestros cuyos nombres podían hacer temblar al clan. Su propia adiestración de hoy ya le había convencido del calibre de esos vigilantes, y sabía bien que no convenía poner a prueba la paciencia del pabellón. Estaba claro que la familia concedía un valor verdaderamente enorme al Pabellón del Dou Qi.

Giró un poco la cabeza y cruzó una mirada con Xun'er. En los ojos del otro leyeron el mismo destello de diversión — claramente, ambos habían percibido con nitidez las defensas ocultas a su alrededor. Aunque el clan creyera que sus jóvenes eran demasiado inocentes para notar a los vigías en la oscuridad, estos dos al menos no se dejaban engañar tan fácilmente.

...

«Las reglas para entrar en el Pabellón del Dou Qi las he repetido ya muchas veces, y no voy a repetirlas todas ahora con detalle. En resumen: en cuanto entréis, todos debéis estar fuera en el plazo de dos horas. Es más, cada uno solo puede tomar una única Técnica de Dou acorde con su propia naturaleza elemental — ni una más. Si alguien intentase sacar una técnica a escondidas, esa persona quedará descalificada de obtener una Técnica de Dou por completo. ¡Así que más os vale prestar atención!» De pie en los altos escalones, Xiao Zhan barrió con una mirada digna a la gran multitud de jóvenes y doncellas de abajo, con el rostro cuajado de severa seriedad.

«¡Sí!» Los jóvenes reunidos respondieron al unísono con entusiasmo, con los ojos abrasando de anhelo el enorme pabellón. Obtener una buena Técnica de Dou era darse a uno mismo una ventaja frente a sus pares desde el mismísimo principio — y eso había sido siempre lo que más deseaban los miembros del clan. La diferencia entre una habilidad de grado Amarillo y una de grado Misterioso no era cosa menor; podía decidir hasta dónde se estiraría el sendero de la propia cultivación en los años venideros.

Y con aquello, el silencio que colgaba sobre el patio se hizo añicos. Decenas de jóvenes y doncellas se lanzaron hacia delante con avidez, apartándose los unos a los otros a empujones en su prisa, cada uno decidido a ser el primero en cruzar las grandes puertas y en reclamar la técnica más prometedora que les aguardaba dentro de aquella sala consagrada.

Es cierto que el rango en el Dou Qi contaba mucho. Sin embargo, un hombre que no dominara técnica alguna era como un puño sin el brazo que lo empuñara — fuerte de un modo superficial, pero capaz de acertar solo a corta distancia. Una técnica, en cambio, dejaba que esa fuerza almacenada brotara a una palabra, tornando la más humilde acumulación de Dou Qi en un arma que podía decidir el curso de un combate a vida o muerte. No era de extrañar, pues, que los ojos de todo joven y doncella ante el pabellón ardieran con tanto calor.

De pie en la entrada, Xiao Yan observaba pasar la marea de cuerpos. Nada en su porte delataba la menor impaciencia, ni la excitación que brillaba en los ojos de sus compañeros. Sabía que la elección de técnica no era solo cuestión de velocidad — había que acomodar el método a la propia naturaleza elemental, o los beneficios se tornaban en desperdicio. Aun así, al contemplar aquel umbral vetusto, una pregunta tenue se agitó en el fondo de su mente: ¿qué clase de técnica le habría de ceder hoy el tesoro del clan?

«Ya que todos comprendéis las reglas, que comience.»

Xiao Zhan asintió con satisfacción y dio un paso atrás, dejando paso al pilar de piedra que se erguía ante las grandes puertas del pabellón. El pilar alcanzaba alrededor de un metro, y al contemplarlo, un pensamiento fugaz le cruzó la mente — una idea tan absurda que no pudo evitar sacudir la cabeza para sí, divertido en silencio por lo extravagante de sus propias fantasías.

Y aun entregado a aquella sonrisa por su propia ocurrencia, Xiao Zhan no reparó en que, en el instante en que aquellas palabras salieron de sus labios, Xun'er — quien se hallaba en el mismísimo umbral de cruzar al Pabellón del Dou Qi — sintió cómo su esbelta figura se quedaba de pronto rígida. Las tiernas puntas de sus orejas, sin aviso alguno, se encendieron en un rojo ardiente y hechizador, igual que la esfera de cristal lo había hecho apenas un momento antes.

En las sombras en torno al estrado, la misma esfera de cristal que a todos los había puesto a prueba seguía sobre su pedestal, su superficie aún débilmente iluminada por la sensación que acababa de recorrerla. Aquella esfera no era un simple ornamento; una tras otra, antes de entrar, cada doncella había sido obligada a tocarla, para que el clan pudiera leer la naturaleza elemental que su Dou Qi llevaba consigo y guiarla hacia una técnica que cuadrara con su sangre. Y en el fondo de su mirada baja, los ojos claros de agua otoñal de Xun'er destellaron con algo que nadie tuvo tiempo de ver — una pálida y fugaz huella de una emoción que ella misma se resistía a nombrar. Mientras los jóvenes fluían, uno a uno, hacia el interior del Pabellón del Dou Qi, solo la creciente marea de pasos afanosos llenaba el aire, y nadie reparó en el suave rubor que besaba las orejas de una muchacha en el umbral.

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