PinSuGe

Chapter 72: Drenando el Veneno

A Record of a Mortal's Journey to Immortality·Capítulo 72 de 75·~6 min de lectura

Actualizado: 2026-08-13 10:31

Leer en:EnglishPortuguês

Advertisement

Han Li refunfuñaba para sus adentros, mas por mantener la imagen de gran médico estaba obligado a vestir un semblante de serena seguridad, sonriendo en silencio, como quien tiene ya todas las cosas asentadas en la mente.

Su mirada firme engañó a las gentes que allí estaban; lo tomaron por cierto que el efecto de la píldora había sido tal como él lo había pronosticado, y la admiración que por él sentían creció aún más. El Vice Líder de la Secta Ma, asimismo, reía con gran regocijo, y había en su alegría un rastro de secreta satisfacción, como si Han Li fuese ya de su bando. Quizá creía que, de todos los presentes, era él quien con más razón podía esperar ganarse a Han Li para su causa, y por eso sonreía con tan cordial placer.

Mas a poco se mudó el cariz de las cosas.

"¡Ay de mí!", exclamó Zhang Xiuer, de súbito espanto. "¡Los vapores negros de la frente de mi tío parecen estar subiendo otra vez!"

Estas palabras sobresaltaron a todas las almas del aposento; varios de los más apresurados se lanzaron al punto al borde del lecho para mirar de cerca, y el Elder Zhao se contaba entre ellos. Han Li, al oírlo, sintió también un pequeño respingo en el pecho, mas no se codeó con los demás, ni se apretó contra el lecho. Fue la Madam Li, mujer de fino y agudo discernimiento, quien dio una regañina a los dos jovencitos y les mandó retirarse del borde de la cama, dejando espacio para que el médico Han se acercara a hacer su diagnóstico.

Han Li, viendo abierto el espacio junto al lecho, se adelantó sin prisa y examinó al enfermo punto por punto. Cerca de media vara de incienso estuvo así, hasta que al fin quedó cierto de que no era cosa de vapores negros que subían, sino que el veneno no podía barrerse del todo, y un vago hálito de negrura se le aferraba aún a la mejilla. Resuelto el asunto, echó una mirada de soslayo a Zhang Xiuer, juzgando que la muchacha era dada a armar revuelo por cualquier niñería.

Esa mirada de pequeño reproche se escapó a todos los demás; pero Li Feiyu, que no quitaba los ojos de Zhang Xiuer sin reposo alguno, la marcó bien, y le volvió a Han Li una mirada ceñuda, ofendido de que el médico menoscabara a la diosa de su corazón. Han Li no halló palabras. Era claro que Li Feiyu, caído en las redes del amor, estaba hecho un amigo que tiene más en cuenta un rostro hermoso que a un camarada, y no había con él razón que valiera. No desperdiciaría más tiempo con este sujeto embobado por los encantos de una mujer, sino que volvió el pensamiento a la condición del Elder Li.

Salvo la negrura que aún le quedaba en el rostro, las manchas del veneno sobre el cuerpo del anciano, que se habían encogido hasta el tamaño de granos de soja, se habían también detenido, y no se encogían un punto más. Todo el hombre, además, por no estar gastado del todo el veneno que dentro llevaba, seguía dormido e inconsciente, sin que nada pudiera despertarlo.

Visto todo esto, Han Li supo que el remedio ulterior que había aparejado contra justo tal vuelta habría de echarse ahora a andar; que no necesitaba ya afanarse en buscar un cuento con que emparpar las grietas de sus palabras de antes, y que aquí había ocasión de mostrar por entero su previsión.

"Traed una palangana, y llenadla de agua limpia", dijo Han Li, en un tono que no sufría réplica. Esta vez no le tocó a Zhang Xiuer correr a la diligencia; Ma Rong se le adelantó, saliendo disparado a la carrera con un pronto grito de asentimiento.

Han Li se volvió de nuevo, y habló con gravedad al Elder Qian y al Vice Líder de la Secta Ma:

"De aquí en adelante necesito la ayuda de ambos. Habéis de apremiar con vuestra fuerza interna el veneno que aún queda en el cuerpo del Elder Li, empujándolo hacia ciertos puntos de acupuntura; luego yo haré salir la sangre emponzoñada por el método del sangrado con aguja de oro. ¿Podéis hacerlo el uno y el otro?"

Los ojos del Vice Líder de la Secta Ma titilaron y bailaron, mas al fin dio su asentimiento; el Elder Qian, por contraste, asintió con frialdad, y se avino con prontitud.

"¿Y por qué ellos dos?", dijo el Elder Zhao, dándose por ofendido, pues sintió que Han Li le tenía en algún menosprecio. "¿Acaso no soy yo capaz?"

Han Li suspiró para sí, sabedor de que debía explicarse a este terco. "La Palma Hunyuan del Elder Zhao", dijo con dulzura, sin prisa ni calor alguno, "¿no está fundada principalmente en las artes exteriores? Para lo que es la pura refinación de la fuerza interna, sigo teniendo al Vice Líder de la Secta Ma y al Elder Qian por los más idóneos."

"El—" El otro quedó mudo ante este feo suave, y no atinó a palabra alguna.

Han Li no prestó ya más atención a este viejo atolondrado, que se escabulló algo abatido; sino que se volvió a los demás del aposento y habló en tono de mandato:

"Todos, salvo el Vice Líder de la Secta Ma y los dos ancianos, han de retirarse. El método por el cual he de extraer el veneno del Elder Li no es para que todo ojo lo vea, y la obra de la curación exige quietud absoluta, pues se agravia con las interrupciones."

Este edicto dejó a toda alma del aposento con la boca abierta; mas la Madam Li fue la primera en entenderlo. Se inclinó en una profunda y reverentísima cortesía, y dijo: "A mi esposo os encomiendo, señores", y luego, con buen tino, fue la primera en salir del aposento. Fijado su ejemplo, los demás — de grado o a la fuerza — salieron en pos de ella, hilera tras hilera, y se encaminaron a la sala de visitas.

Cuando Ma Rong hubo asentado la palangana de agua limpia, Han Li lo mandó al punto salir, y luego tiró de la puerta para cerrarla de firme tras de sí, dejando fuera a las gentes, que se miraban unas a otras con el pasmo en el rostro.

Los minutos se deslizaron, un cuarto de hora, y otro, y ninguna alma podía decir cuánto duraba ya la espera; aun la puerta de la alcoba no se abría, y a través de sus tableros no llegaba el más leve susurro de sonido. Este extraño e insólito silencio puso a los espectadores del filo, y una sombra se coló sin sentir en los pechos de todos — hasta la propia Madam Li, que tan bien había conservado su serenidad, comenzó a agitarse y a desasosegarse por momentos; y el fogoso Elder Zhao, acabada toda su paciencia, había ya dado vueltas a la sala un sinfín de veces, paseándose de un lado a otro hasta casi haber gastado el suelo bajo sus pies.

Y justo cuando aquellos que estaban en la sala de visitas habían ya agotado la última gota de su aguante, se oyó un chirrido, y la puerta de la alcoba se abrió desde dentro. Como un solo hombre, todo ojo del aposento se volvió y cayó sobre ella, y el aire se hizo pesado y tenso. Han Li salió lentamente, el rostro marcado de cansancio. Vio las graves miradas que sobre él se posaban, y sonrió:

"Acabado está", dijo. "El veneno que quedaba ha sido del todo expulsado. Dejad que el Elder Li descanse una noche más, y en la mañana despertará por sí solo."

Hablas estas palabras Han Li con gran confianza; mas en verdad ni él mismo había contado con tan llano pasaje, y ningún contratiempo de suerte alguna había estorbado la obra. La Madam Li y los demás, al oír estas razones, volvieron a sonreír, y la pesadumbre que los oprimía se disipó de un soplo. Varios de los ánimos apresurados hicieron ademán de entrar de sopetón a ver al enfermo; mas Han Li tendió una mano y les cerró el paso.

"El Elder Li está ahora muy débil", dijo, "y no sufre aglomeración ni alboroto. Y el Vice Líder de la Secta Ma y el Elder Qian, por haber gastado de su energía vital en echar fuera el veneno, se hallan ahora componiendo el aliento en meditación. Así juzgo que pocos deberían entrar — mejor aún, que fuera tan solo la señora misma la que entrara." Estas palabras las entregó con gravedad a la Madam Li.

La Madam Li, ante tan benditas nuevas, no tenía otro parecer que ofrecer; asintió con ansia, y sin detenerse siquiera a dar las gracias a Han Li, se apresuró sola hacia la alcoba.

¿Qué te pareció este capítulo?

Advertisement