Han Li frunció el ceño, sombrío, y no pronunció palabra alguna.
Acababa de tomar el pulso, de mirar la lengua y las pupilas; y en su primer dictamen este veneno era — como los Hilos de Incienso Entrelazados de que él mismo se valiera una vez — un veneno compuesto. Escoger y arrancar de raíz, por grados, uno a uno, los varios venenos que en él se encerraban, no lo tenía Han Li en modo alguno por fuerza suya; y así solo podía poner su confianza en el Polvo del Espíritu Claro, y en uno u otro de los demás artificios heterodoxos de su arte.
Aun mientras este pensamiento le venía, Han Li maldijo en su corazón a aquellos otros médicos que, sin atreverse a deshacer el veneno, le habían endosado a él mismo el duro empeño; mas en la superficie hizo gran alarde de profunda y estudiosa meditación.
Al cabo de un rato, el Elder Zhao no pudo contenerse por más tiempo, y estalló:
"¡Rapazuelo! ¿Puedes o no devolverle la vida al Elder Li? ¡Di algo!"
"Elder Zhao, vuestra prisa es demasiado grande. ¿No veis que el Médico Han anda aun buscando el modo? ¡Tened paciencia!" Antes de que Han Li pudiera responder, el Vice Líder de la Secta Ma volvió a ponerse la máscara del bienintencionado, y zaherió al Elder Zhao.
El Elder Zhao puso en blanco los ojos y abrió la boca para hablar; mas Han Li, sin darle tiempo, tosió primero un poco y cortó así lo que había querido decir.
Esa tos atrajo sobre él la mirada asombrada de todos los de la sala; y solo entonces se acordó Han Li de que un rapazuelo de apenas diez y tantos años, remedando la tos de un venerable anciano, habría de parecer algo ridículo. Con todo, no era gran cosa; pues ya se había logrado el fin, y no tenía gana alguna de oír a los dos altercar más.
"Este veneno es un veneno compuesto, y deshacerlo no es en verdad tarea liviana. No me atrevería a jurar tener un dominio completo y cierto sobre él, mas puedo intentarlo. En la deshacedura habrá algún peligro, y bien podría costarle la vida al Elder Li. Pregunto, pues, ¿queréis aun que ponga mano a la obra?" Han Li dijo estas palabras con un aire de estudiado desgano.
De su parte, si no se le llamara a deshacer el veneno, tanto mejor; su confianza en ello no era de veras grande.
Estas palabras de Han Li dejaron a los parientes que allí estaban mirándose unos a otros, sin atreverse nadie a dar su consentimiento para que comenzara al punto; mas fuera de Han Li, ninguno de los otros médicos parecía ya más apto para la tarea.
Tras una buena y larga pausa, la Madam Li, la legítima esposa del Elder Li, rompió de pronto el silencio:
"Desearía preguntar cuánta esperanza cree el Médico Han tener de restituir la salud a mi esposo."
"Cinco partes de diez", respondió Han Li sin la más leve vacilación.
"Siendo así, que el médico se lance resueltamente a la obra de salvarlo. Si alguna desdicha aconteciera a mi esposo, de ningún modo he de guardar rencor alguno al Médico Han; no será sino el decreto del Cielo." La Madam Li mostró un aire de firme resolución, y para sorpresa de Han Li decidióse en el acto.
"Cuñada, ¿no queréis ponderarlo un rato más? Este pequeñín médico es tan joven, y no dejo de sospechar que el asunto es dudoso." El Elder Zhao, mostrándose algo airado, se apresuró a disuadir a la Madam Li de su arrebato temerario.
"He pensado en ello con gran cuidado. De no deshacer el Médico Han el veneno, mi esposo no podría, me temo, sobrevivir a esta misma noche; mejor es, pues, hacer el osado intento, y ganar media oportunidad de salvación." La Madam Li habló bajo y suave, con alguna pesadumbre que le abatía la cabeza.
"Esto…" El Elder Zhao quedó sin palabras.
Han Li recorrió con la vista a los otros; ninguno parecía contradecir el decreto de la Madam Li. Entonces, del talego de medicina que llevaba consigo, sacó un frasco de porcelana verde, y de él hizo caer una sola píldora roja.
"Que vaya alguien a traer un cuenco de agua tibia, disuelva esta píldora en él, y se la dé a beber al Elder Li."
"¡Iré yo!" Apenas habían salido las palabras de los labios de Han Li cuando respondió una voz clara y sonora.
La doncella Zhang Xiuer, que había estado todo el tiempo de pie junto a él con los ojos enrojecidos, respondió y se encaminó fuera de la sala.
Li Feiyu dio un leve respingo, y al punto siguiente la siguió hacia fuera también — por lo cual Han Li no pudo dejar de derramar una buena porción de desprecio sobre Li Feiyu en su secreto corazón.
Al poco, Zhang Xiuer volvió a entrar con un aire de indefensa contrariedad, con las dos manos vacías. Li Feiyu, por contrario, venía portando con gran cuidado un cuenco de porcelana blanca, muy de cerca a sus talones.
La concurrencia de la sala, al ver este espectáculo, no pudo contener la risa en el pecho, y lo dejó asomar a los semblantes, vistiendo el aire de quienes esperan un fino gracejo; lo cual trajo un rosado rubor a las mejillas de Zhang Xiuer. Allí se quedó toda desconcertada, sin saber qué hacer con manos y pies, mostrando a las claras todo el porte de una pequeña doncella.
Con todo, por este medio se alivió en buena medida la tensión de la sala, y el corazón de más de uno se aligeró.
Li Feiyu entregó el cuenco, con toda sumisión, a la Madam Li.
"¿Médico Han, servirá este cuenco de agua?" La Madam Li se volvió a buscar el parecer de Han Li.
"Servirá."
Han Li echó una ojeada al cuenco blanco y asintió; luego, tomando el cuenco en una mano, dejó caer la píldora en el agua, y en un abrir y cerrar de ojos todo el cuenco se volvió de un rojo profundo.
"Baste con verterla en la boca del Elder Li. Vuestras mujeres sois las de mano más delicada, y lo mejor es que sea vos quien lo haga." Diciendo esto, Han Li extendió la mano y le devolvió el cuenco.
La Madam Li se apresuró a asentir sin poner reparo alguno.
Por su parte, en tal ocasión cada palabra que caía de los labios de Han Li tocaba la misma vida de su esposo; ¿cómo entonces no había de atenderlo?
"¿De qué medicina se trata, al cabo?" Mientras la Madam Li vertía el gran cuenco de poción roja, poco a poco, por la boca del Elder Li, el Elder Zhao no pudo ya tener más en calma, y preguntó aquella misma cuestión que todos en la sala anhelaban ver respondida.
"Un polvo serenador de mi propia invención; esperemos que haya de probar de algún servicio." Han Li lo tomó a la ligera.
No deseaba que hombre alguno supiera el nombre del Polvo del Espíritu Claro; pues ¿quién podría decir si este remedio, maravilloso acallador de venenos, no habría de acarrearle problemas? Mucho mejor era mantener el asunto cercado y humilde.
Una vez vertida la medicina, en cerca del espacio de una comida entera la negra mieza que cubría el rostro del Elder Li comenzó a palidecer poco a poco, y las manchas de veneno de su cuerpo mudaron asimismo del tono profundo al claro y empezaron a encogerse.
Este cambio, tan a la vista, decía aun a los ignorantes que el veneno del Elder Li se iba por grados aplacando, y que las cosas tornaban a mejor.
A la vista de todo esto, la gente de la sala rompió en sonrisas de dicha, y miró a Han Li con ojos de todo en todo distintos de los primeros; solo el Elder Zhao no pudo dejar tan presto a un lado su orgullo, y dejó caer un leve resoplido por la nariz; mas tampoco su semblante se había ablandado en poca medida.
Han Li mismo se asombró no poco de ver el veneno retirándose ya, antes de que hubiera dado paso alguno más.
Que el Polvo del Espíritu Claro hubiera de mostrarse tan potente quedaba muy lejos de su esperanza; quizá, no podía menos de pensar, este veneno no era al cabo tan mortal como había parecido.
Mas con las cosas tornando así a mejor, Han Li se halló en alguna pesadumbre, y por dos causas. La primera: no hacía sino de decir que la deshacedura del veneno llevaría peligro, y si el veneno hubiera ahora de purgarse tan a la ligera, ¿no sería como si se asestara él mismo un bofetón en la mejilla, y se hiciera creer a los hombres que había buscado engañarlos? Y la segunda: este Polvo del Espíritu Claro obraba tan bien sobre el veneno de los otros — ¿por qué entonces no habría de valer contra el suyo propio? Pues era todavía causa de no poca inquietud y desvelo, que anduviera traspasado de un oculto veneno yin cuya cura no conocía.