"La carne de este rey de dos patas es la más sabrosa de todas. No he de dejarla pasar por nada."
El lobo entornó los ojos y miró a lo lejos a las criaturas de dos patas apiñarse presurosas, apuntarle las teas encendidas, y una fría alegría brotó en su pecho.
"Que gasten primero sus fuerzas. En cuanto esos de dos patas se dispersen cada cual por su lado, me he de hartar del rey de ellos."
Se puso en marcha con paso receloso y cachazudo por el bosque cargado de nieve, y se holgó sobremanera de ver a los de dos patas cada vez más aturdidos, sus filas cada vez más flojas y desordenadas.
Desde que se había comido a aquel ciervo blanco herido, su mente se había ido volviendo más y más clara, y con ese ingenio agudo y despejado se había librado una y otra vez del cerco del de dos patas con manchas, hasta que al fin abandonó a su propia manada y vino a trompicones y maltrecho a este lugar.
Había lidado con muchos de estos de dos patas, y sabía bien que su rey solía exhalar una niebla negra y arrojar espadas de hueso verde oscuro; si se le apretaba en exceso, no hacía sino herirse a sí misma. Había que hostigarlos con suavidad, abalanzándose de cuando en cuando, gastando sus triquiñuelas poco a poco — sólo entonces podían ser devorados.
"Estos de dos patas no llevan manchas sobre sí. No sé de qué raza serán."
Saltó con descuido por encima de la larga estaca que se le vino encima, agachó la cabeza bajo la flecha que pasó silbando, y hundió los colmillos en el brazo de una criatura de dos patas, machacándole el miembro hasta convertirlo en pulpa, mientras pensaba con saña en su pecho:
"¡Si no fuera porque aquel de dos patas me mató a todos mis cachorros, no tendría yo que manchar estas garras!"
A la memoria de cómo aquel de dos patas con manchas lo había perseguido por siete grandes montañas, sin recobrar aún el vigor y la fuerza que había perdido, una frialdad más cortante se le asomó a los ojos verde azulados.
Estos de dos patas sin mancha parecían de condición harto más débil. La luz dorada que soltaban era tenue, mas no cesaba de acudir una y otra vez, y el lobo la encontraba enojosa en sumo grado.
En la montaña la noche de invierno es más silenciosa que ninguna. Grandes nieves yacían amontonadas en el bosque, y donde un hombre pasaba rozando se oían caer los copos blandos e infinitos, y de cuando en cuando un crujido seco, al quebrarse una copa bajo el peso de la nieve.
*¡Hssst!*
Li Xiangping disparó una flecha reluciente de luz dorada, vio al lobo agachar la cabeza y machacar el brazo de un aldeano entre sus colmillos, y sin mudar en nada el rostro encajó otra saeta y tendió el arco, haciendo retroceder al gran lobo mientras se aprestaba a abalanzarse sobre el siguiente de sus hombres.
Al despilfarro de sangre del aldeano, que cayó a tierra con un alarido, dibujando una flor incandescente de carmesí sobre la nieve limpia y blanca, los guardias no pudieron por menos de estremecerse, y las estacas en sus manos oscilaron con indecisión. Chen Erniu, el rostro endurecido, recogió al caído, le ató las heridas con un revoltijo de trapos y se lo cargó al hombro para alcanzar a la columna.
"¡Cuánto nos falta para Lijing Mountain!"
Li Xiangping ladró las palabras, hollando la nieve con paso pesado y desigual, y vociferó la pregunta hacia Chen Erniu.
"¡Un cuarto de hora más!"
Chen Erniu le entendió al punto, entregó a otros al hombre que llevaba a la espalda y, echando una mirada a lo lejos, respondió con voz potente.
Al oír que se acercaban ya a Lijing Mountain, los aldeanos se aquietaron mucho en su interior; aun así apretaron los dientes y clavaron los ojos enconados en el demonio, y cada cual rogaba en su corazón no ser él quien viniera a caer lo siguiente.
"¡Atraigamos a este demonio a la montaña y matémosle en emboscada! Si no le damos fin este día, que nos mate y se vuelva a casa — y tú, y tú, y tú, las mujeres y los pequeñuelos de vuestras casas todos acabarán como sangre y carne en las fauces del demonio!"
Li Xiangping se limpió la sangre del rostro — la fuerza de su dantian casi agotada — y, mirando a los aldeanos aterrados que le rodeaban, gritó con voz grave y profunda.
A estas palabras los aldeanos se miraron unos a otros, y sus caras se les endurecieron no poco; uno y todos alzaron los brazos, que les colgaban pesados como cargados de plomo, y apuntaron sus teas y estacas contra el demonio.
*¡Aullido!*
El demonio se lamió la sangre de la garra parda de plata, miró las teas y estacas que le apuntaban, y pareció encolerizarse; pateó el suelo, avivó la furia de su salto y mordió de un tirón puñados enteros de aldeanos en rápida sucesión.
*¡Crac!*
Una trenza de bejucos, verde jade refulgente, se abalanzó de pronto contra él desde el aire vacío, y el demonio, cogido desprevenido, sintió abrirse y desgarrarse su ijar — una franja de sangre desnuda donde había caído el látigo.
*¡Aullido!*
El demonio lanzó un aullido agudo y retrocedió unos pasos, clavando con soberano odio sus ojos en el hombre de ropajes de seda que empuñaba el látigo largo.
"¡Cabecera de familia!"
A la vista de aquella trenza de bejucos, Wan Tiancang soltó un largo suspiro, una gran piedra se le alzó del pecho y la alegría se le asomó al rostro.
El golpe de Wan Xiaohua había acertado, mas no aprovechó la ventaja. Palideció; se quedó donde estaba, regulando la respiración por varios resuellos, y de lenta en lentitud la color le fue tornando a las mejillas.
Llamado por la carta de Wan Tiancang, había aplicado tres veces el Arte de Andar Espiritual para llegar a la prisa a Lichuan Pass desde la casa de los Wan, y además espantado con aquel artefacto al demonio; pero aun con su cultivo de cumbre de la Rueda de la Capital de Jade le faltaba el aliento, y necesitó varios instantes de regulación antes de recobrarlo.
"Demonio muy duro."
Wan Xiaohua miró la herida somera en el lomo del demonio, aspiró un jadeo de aire frío y, con el rostro torcido, habló:
"Que los mortales se vayan primero."
Esta trenza suya era un artefacto de la etapa de Refinación del Qi; movida por su cultivo de cumbre de la Rueda de la Capital de Jade lo drenaba dolorosamente, mas podía rajar una lápida de piedra. Que en el lomo del demonio no dejara sino una franja de sangre — aunque el golpe había sido apresurado — mostraba bien a las claras lo dura que era la piel del demonio.
Li Xiangping agitó la mano, y Chen Erniu se apresuró a reunir a los aldeanos, cargando a los heridos por la nieve, en dirección al oeste, hacia Lijing Village.
Viendo plantarse cara a cara, en medio de la nieve, al hombre y a la bestia, Li Xiangping gritó con voz penetrante:
"¡Cabecera de familia Wan! Si este demonio os ha de ser más que un rival, ¡marchaos al suroeste! Hay una formación que resguarda nuestra Lijing Mountain, y si no lograis vencer al demonio podréis aun salvar la vida."
Wan Xiaohua le posó una mirada baja a Li Xiangping y respondió en voz queda:
"Lo tengo."
Hizo vibrar el látigo largo una vez, y éste salió silbando por el aire a restallar en el ijar del demonio.
El demonio pateó el suelo una vez y se abalanzó de nuevo sobre Wan Xiaohua; pero a éste se le encendieron los ojos y pensó para sí:
"¡Buena ocasión!"
La trenza en su mano alzó una luz blanca resplandeciente mientras la barría contra los lomos del lobo. El demonio, empero, ni se apartó ni se estremeció; un destello de astucia cruzó por sus ojos, abrió de par en par sus fauces de lobo, y un velo de aliento negro, espeso y ondeante, se abatió derecho sobre el rostro de Wan Xiaohua.
"¡Maldición — bestia astuta!"
Wan Xiaohua maldijo entre dientes, se vio forzado a soltar la trenza de su puño y retrocedió paso a paso.
El demonio, habiendo sorbido la fusta de Wan Xiaohua de buena gana, soltó también un gruñido bajo; escarbó con la garra en la trenza que yacía en el suelo, luego la pisó y se quedó mirando a Wan Xiaohua, sus ojos verde azulados clavados fríos y rasos en él.
"Demonio astuto, en verdad…"
Wan Xiaohua miró a este gran lobo gris plateado, y una sonrisa amarga le torció la comisura. Su familia Wan no colindaba con la Gran Montaña Li, y tenía poca experiencia en lides contra tales criaturas — mucho menos contra un demonio de la Rueda de la Capital de Jade.
El demonio raspó una garra trasera, enterrando la trenza en la nieve, y vino trotando por la nieve rala derecho a Wan Xiaohua. Éste se apresuró a conjurar su arte, y el escudo de jade blanco se alzó una vez más ante él.
Mas el demonio derramó un humo negro de bajo sus cuatro patas y saltó por los aires, haciendo el escudo de jade blanco trizas de un solo golpe, y sus fauces de lobo se abatieron derecho sobre la garganta de Wan Xiaohua.